Por Juan Pérez, Reportero Deportivo de Fútbol hoy 365Rabat, Marruecos – En una final que pasará a la historia por su drama y controversia, Senegal se coronó campeón de la Copa Africana de Naciones 2025 al derrotar 1-0 a Marruecos en tiempo extra, en el Estadio Prince Moulay Abdellah. Como reportero en el terreno, presencié cómo el partido se transformó en un caos absoluto, con protestas, abandonos temporales del campo y un gol decisivo que selló el segundo título para los Leones de Teranga.
El encuentro comenzó con un ritmo intenso, pero sin goles en los 90 minutos reglamentarios. Marruecos, como anfitrión y favorito, presionó con ataques liderados por Brahim Díaz, mientras que Senegal se defendió con solidez, gracias a actuaciones estelares de su portero Edouard Mendy y el capitán Sadio Mané. Sin embargo, el verdadero drama explotó en el tiempo agregado del segundo tiempo.
Alrededor del minuto 97, el árbitro, tras revisar el VAR, concedió un penal a Marruecos por una falta de El Hadji Malick Diouf sobre Díaz en un tiro de esquina. Esta decisión desató la ira del equipo senegalés: el entrenador Pape Thiaw y sus jugadores abandonaron el campo en protesta, alegando una injusticia arbitral. Durante más de 14 minutos, el estadio se llenó de confusión, con empujones en las bancas y disturbios entre aficionados senegaleses y personal de seguridad. Algunos fanáticos incluso invadieron el terreno, lanzando objetos, lo que obligó a una intervención policial.
Finalmente, los jugadores de Senegal regresaron, y Brahim Díaz ejecutó el penal con un estilo “Panenka” –un tiro suave por el centro– que resultó en un fracaso estrepitoso. Mendy lo atajó fácilmente, manteniendo el empate y forzando el tiempo extra. “Fue el peor penal que he visto en mi vida”, comenté en mis notas mientras el estadio rugía de incredulidad.
En el arranque del tiempo suplementario, al minuto 94 (o tercero de la prórroga), Pape Gueye, mediocampista del Villarreal, conectó un disparo potente desde fuera del área que se coló en el ángulo superior, dejando sin opciones al portero marroquí Yassine Bono. Este “golazo” no solo decidió el partido, sino que simbolizó la resiliencia de Senegal, que superó la adversidad para levantar su segundo trofeo de la AFCON, tras el de 2021 contra Egipto.
Posterior al silbatazo final, las reacciones no se hicieron esperar. Edouard Mendy declaró: “No hablaremos de eso en caliente, pero al final, el fútbol ganó”. Por su parte, Pape Thiaw se disculpó por la protesta, aunque defendió la pasión de su equipo. Marruecos, que buscaba su primer título en 50 años, se quedó con las manos vacías pese a un torneo impecable hasta la final. Brahim Díaz fue nombrado máximo goleador con 5 tantos, y Bono como mejor portero, pero el amargo sabor de la derrota opacó estos honores.
Esta final, calificada por muchos como “la más caótica en la historia de la AFCON”, podría acarrear sanciones para Senegal por parte de la Confederación Africana de Fútbol. Como testigo ocular, puedo afirmar que el evento no solo fue un espectáculo deportivo, sino un recordatorio de cómo las emociones pueden desbordar el fútbol africano.
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